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NOTA DE INTENCION DE DENIS CAROT - PRODUCTOR (ELZEVIR FILMS)

“Podemos mejorar las imágenes del mundo y, de este modo, podemos mejorar el mundo”.
Wim Wenders

Tal vez no se haya podido aplicar nunca mejor esta cita de Wim Wenders a una película como a HOME. Al inscribirse en la más estricta línea de la película de Al Gore, Una verdad incómoda, HOME es indudablemente una película militante que, de inmediato, se asigna como misión agitar las mentalidades, hacernos tomar conciencia de los movimientos tectónicos en desarrollo, incitarnos a que nos comprometamos a actuar. Si es cierto que, hoy en día, se expande progresivamente por nuestra sociedad un movimiento de toma de conciencia de los problemas ecológicos, las acciones para hacerles frente son aún demasiado lentas y demasiado tímidas, constatación que constituye en cierta manera el credo de la película: “es demasiado tarde para ser pesimista”.

Pero HOME no es solo un documental comprometido. Es un magnífico objeto cinematográfico. Cada plano deja sin aliento y nos muestra la Tierra, nuestra Tierra, como nunca antes la habíamos visto. Cada imagen parece decirnos: “admiren la belleza de la Tierra, admiren lo que estamos destruyendo, pero sobre todo admiren todas esas maravillas que aún nos quedan por preservar”.

Cuando comencé a trabajar con Yann en este proyecto, estaba convencido de que la decisión de realizar una película totalmente vista desde el cielo, sin entrevistas, sin archivo, etc. era una buena idea, sin que verdaderamente llegase a explicarme por qué. Acabo de recordar una conversación: “vista desde el cielo, son necesarias menos explicaciones”. Es exactamente eso. La percepción que tenemos es más inmediata, intuitiva, emocional. Por eso, HOME se diferencia de todas las otras películas sobre medio ambiente (todas ellas, sin embargo, igual de necesarias en este periodo crucial para la humanidad). HOME toca directamente la sensibilidad de cada uno de nosotros: hace que tomemos conciencia, primero por la emoción, para cambiar nuestra visión del mundo...

Son, probablemente, estas “menos explicaciones” las que permiten a la película conservar su ambición original, conocer en apenas dos horas las grandes cuestiones ecológicas a las que nos enfrentamos y mostrar cómo interactúa todo en nuestro planeta. Digamos que esta apuesta no se había ganado de antemano, ya que el rodaje se hizo sin escenario...

Eso en cuanto al contenido. Pero la singularidad de este proyecto reside sobre todo en su modo de difusión. Yann es un hombre generoso y su deseo más caro, desde el principio, fue el de compartir esta película con todo el mundo. Que fuera vista por el mayor número de espectadores posible en todos los continentes y, a partir de ahí... ¡que fuera gratuita! Cuando, durante nuestro primer encuentro, Yann me informó de su ambición, pensé que la apuesta era sencillamente imposible. Tomó como referencia su exposición La Tierra vista desde el cielo que, todavía hoy, ocho años después de su inauguración, circula de forma gratuita por todo el mundo y ha sido vista por más de 100 millones de personas. Sin embargo, el coste de producción de una película no tiene nada que ver con el de una exposición de fotos. Por añadidura, el cine solo puede existir gracias a los ingresos que él mismo genera. ¿Cómo poner en práctica la gratuidad en un contexto semejante, si es solo gracias a la generosidad de los donantes, lo que requiere necesariamente mucho, mucho tiempo? Pero Yann es tan impaciente como testarudo y la lucha por salvar el planeta es urgente, absolutamente prioritaria... Además, es convincente e inspira confianza. Así pues, me embarqué en esta aventura sin saber muy bien hacia dónde íbamos, pero me comprometí muy sinceramente con la causa y estaba dispuesto a todo para que la película viera la luz, sabiendo que todo podía detenerse tan rápido como se había puesto en marcha.

Fue la participación, increíblemente espontánea, de Luc Besson la que dio credibilidad y viabilidad al proyecto. Era indispensable que un estudio de cine de envergadura internacional se implicara desde el comienzo en esta operación. Fueron la inversión personal de François-Henri Pinault y la participación de todas las sociedades del grupo PPR las que permitieron concretar el objetivo impensable de cuasi gratuidad, a escala mundial. Fueron el entusiasmo y la determinación de Yann Arthus-Bertrand los que permitieron aglutinar estas energías y estos talentos, y así lograr esta increíble apuesta, por el bien común de todos, al único servicio de nuestro planeta. Sin duda, esto sigue siendo poco ante la inmensidad de la tarea que les espera a las generaciones futuras, pero estoy sinceramente convencido de que nuestro deber es el de actuar, cada uno de nosotros, en nuestra propia medida.

Arquímedes dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Solo espero una cosa hoy en día: que HOME pueda servir de punto de apoyo a millones de individuos, de todos los continentes...

Denis CAROT- Elzévir Films
Productor