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LA MÚSICA, UN PERSONAJE MÁS

Por una parte tenemos las imágenes. Por otra los textos. Y además, la música. La música acompaña, escolta y revela una emoción; sin llegar a ser redundante y sin adornar en exceso, con su propia sensibilidad, la sencilla y conmovedora historia que nos narra la película de Yann Arthus-Bertrand.

Su experiencia, sincretismo y cultura universal han enriquecido el proyecto dándole una dimensión poética única. Así pues, el compositor Armand Amar ha hecho varios viajes para grabar junto con la Orquesta Sinfónica de Budapest y el Conjunto de Percusión de Shangai. El compositor ha integrado en la partitura cantos e instrumentos de diferentes continentes (Mongolia, Armenia, Irán, etc.). Armand Amar: ‹‹ Para crear la música de una película, se está sometido a un sinfín de condicionantes. Todo se calcula a partir de una escena, de unos propósitos…la idea es comprender qué siente el realizador de la película y desarrollar, a la vez, una visión personal de la película, sin dejar de destacar el propósito fundamental. La partitura cuenta una cosa, las escenas, otra y el diálogo habla incluso otro lenguaje, pero todo ello debe mezclarse en una única sinfonía, en armonía. Componer la música para una película que ha sido realizada a partir de imágenes sin guión ha sido para mí todo un desafío. La música también ha proporcionado su movimiento a las imágenes y la emoción generada por la visión está exaltada por el sonido.

El ritmo de la película es contemplativo, pero me he dejado llevar por estas limitaciones…

Había que dejar que las imágenes hablasen por sí mismas. Estas imágenes son muy silenciosas. Sobrevolamos por encima de los paisajes, necesitamos silencio. De la orquesta tan solo he utilizado los instrumentos de cuerda y los pianos. No quería un efecto demasiado “sinfónico”. He propiciado, al igual que en las músicas tradicionales, una escritura horizontal, en lugar de vertical ››